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martes, 29 de octubre de 2013

SOLOMO2013: con dos minutos no será suficiente

Una jornada espectacular. Aunque empezó con algunos mensajes un poco trillados (bueno, quizás me estoy volviendo muy exigente con los años), enseguida se animó, y mucho, con una mesa redonda (una buena charla muy bien moderada por Teba Lorenzo, de Yahoo, que acertó al sacar a la palestra determinados temas) acerca del mundo de la automoción (temática que me interesa sobremanera: me toca muy de cerca en lo profesional; de hecho fue clave en mi decisión de venir a Solomo2013) donde pudimos disfrutar de opiniones jugosas de Fernando Navarro, de Mazda, Chari Gil, de Kia, Marcos Ortega, de Peugeot-Citröen, David Suárez, de Toyota, Óscar Oñate, en representación de Jaguar-Land Rover o Juan Carlos Múñoz, de Volvo (Javier, nos tienes que invitar el año que viene a estas cosas, que quizás desde nuestra experiencia con Grupo Fiat podamos aportar algo). Hubo varias líneas de conclusiones relevantes. Por un lado parece que quedó claro que el vídeo online era una fórmula sumamente rentable y que se podría (y debería) explotar mucho más (buena noticia enturbiada por el comentario de siempre: "al final te gastas un porcentaje alto de la inversión en tecnología, para servir y medir"); por otro que la TV aún sigue siendo un elemento imprescindible (pese a todo); luego quedaban las dudas: en mi opinión no se abordó el tema de fondo: es decir: como integrar social con local en un entorno móvil. Quizás porque, como se mencionó, queda mucho camino por andar. Tendré que hablar con alguno de ellos para ofrecerles nuestras soluciones de integraciones de Apps móviles con las fan pages (revolucionará el sector, y algunos otros, tan pronto como alguien se decida: ya escribiré al respecto un día de estos). Curioso uno de los comentarios que se escucharon (y se vieron reflejados en Twitter de inmediato: lo malo corre como la pólvora) acerca de "las dificultades para medir en mobile", justo el día en el que Nielsen anunciaba nuevas herramientas al respecto. Pero son cosas del directo, supongo.



Juan Domínguez, fundador de ADTZ (y pongo el link, para que no se diga que nunca hablo de la competencia), nos vino a contar las bondades de Facebook. No por ser un tema que conozco bien resultó menos interesante, ya que centró su discurso en empezar a enfocar los tiros en esta red social en captación de clientes y como motor de ventas (bueno, ¿no es el objetivo de todo el mundo al fin y al cabo?). Y, siempre en mi opinión, dejó un par de perlas a tener en cuenta: la creatividad es fundamental (un page post que funciona estupendamente para captar fans igual no sirve de nada a la hora de captar clientes y generar ventas) y que conectar la base de datos a Facebook para poder emplear sus herramientas Custom Audience y Lookalike permite que la eficacia de las campañas sea mejor (hablando en términos de CPL; y con un ROI muy superior) que campañas similares de SEM (puso un ejemplo concreto y reciente, eso gusta: Clínica Baviera, Agosto de 2013). Y eso, amigos, es para tenerlo en cuenta.

Tras un recreo (para el imprescindible café) llegó el turno de Ana Castro, de Coca Cola, probablemente una de las ponentes más esperadas. Dejó un mensaje claro: Liquid & Linked. Para aclararnos un poco: apuestan por ideas "líquidas" (menuda pequeña trifulca tuve en Twitter a cuenta del dichoso concepto), en el sentido de que sean temas que consigan fluir de manera natural, y "conectables", aludiendo a la posibilidad real de que puedan integrarse en múltiples medios y arrastrar a la audiencia de unos a otros. Fue la primera en incidir en el aspecto "local", describiendo con acierto las campañas vinculadas a los bares (todo un éxito), aunque también destacó que la creatividad (y no el dinero, aunque sean Coca Cola) es la base de todo. Los medios ganados bien empleados (incluyendo los Social Media) marcan la diferencia, también con acciones que arrancan en televisión (como las de Fanta) pero que obtienen un mayor retorno en entornos sociales y móviles gracias a una acertada estrategia. Por eso están dónde están. La verdad es que lo bordan.

Confieso que la siguiente ponencia, la de David López Díaz, de Accenture, me resultó pesada tras la presentación (impecable en fondo y forma) de Ana, aunque hay que reconocer que dijo verdades como puños. Empezando por asumir que la banca española hace a veces las cosas al revés: y el caso de sus aplicaciones móviles lo ejemplifica: apps pensadas para la comodidad de la entidad y no para la usabilidad por parte de los usuarios. Curioso, ¿no? Claro que así, ¿cómo no van a tener un problema de confianza?  

Sixto Arias. Ay. ¿Qué puedo decir de Sixto que no sepáis?: para empezar que eligió un título genial para su intervención: el internet que no se ve. Adornado por una puesta en escena muy particular (ese bote de Ketchup gigante en lugar del habitual, ya sea más o menos sofisticado, PPT le hizo ganar muchos puntos) se centró en una realidad innegable: los clientes están adelantando a las marcas. Internet es un gran mercado, que no siempre se ve. La realidad aumentada, las aplicaciones casi mágicas que la tecnología nos ofrece... Honestamente, creo que en cuanto cuelguen el vídeo lo mejor que podéis hacer es verlo, porque todo lo que yo diga se quedará corto.

Y llegó Juan Luis Polo: ciertamente el que sabe, sabe. Y él sabe mucho. Como vamos justos de tiempo y, qué demonios, somos gente práctica, lo resumo en tres tuits (aunque os recomiendo buscar algunos otros mensajes al respecto de la aparición de Juan Luis, algunos no tienen desperdicio; ejemplos: el de Pablo Díaz Lárez que reza "Todavía hay gente que cree que el anuncio repetido en cualquier página web es magia"; la apreciación subjetiva de @Zaneaa "liderazgo: menos datos y más objetivos a los que llegar con esos datos"; o el no menos incisivo de Yessely López "lo importante no es la cantidad de datos, lo importante son los objetivos". Creo que os podéis hacer una ligera idea de por dónde iban los tiros, ¿no?):

  1. Hacen falta perfiles que sepan engranar la tecnología y las ideas , ¡perfil imprescindible a corto y medio plazo!
  2. Los datos están vivos: presta atención a cómo se mueven para saber dónde están tus comunidades, consejos de en
  3. "La compra es social" poniendo las cosas claras en


 Me dejo un poco de tiempo (pero ya poco, no quiero aburriros) para la otra mesa redonda: la estrella del show. Que no dejó títere con cabeza. Borja Martín, Pablo Díaz Lárez, Santiago Sagrado, Daniel Casal y Óscar Alonso, con la moderación de Javier Piedrahita, se despacharon a gusto. Pero a gusto. Para empezar criticando esa insistencia de algunos en hablar de Big Data (un concepto con el que yo tampoco me siento cómodo, pero es que cuando algo se pone de moda...) cuando la verdadera eficacia está en el detalle (por favor, no olvidemos que hablamos también de "Local") y me alegraron la mañana con algunas de las frases más hilarantes (¿o era hirientes?) que he escuchado en los últimos tiempos. Santiago espetó, sin miramientos (bueno, quizás no lo dijo así exactamente, pero así lo entendí yo): "El problema es que se ven los tres campos por separado, el social, el local y el mobile, y lo que debemos hacer es mirarlo desde fuera, que es la única manera en la que podríamos ser capaces de integrarlos eficazmente". Ni que decir tiene que es una critica constructiva y sin acritud con la que no podría estar más de acuerdo. Óscar, por su parte, no se quedó atrás y nos regaló los oídos con una frase lapidaria, de las que podrían pasar a la historia (en mi TL desde luego ha triunfado): "Hay que ser miope para dejar pasar la oportunidad que aporta combinar social, local y móvil". Claro que eso, dicho en el país de los tuertos, tampoco parece que vaya a generar un impacto visible a corto plazo. Pero la guinda la puso Javier Piedrahita. Al final de lo que hablábamos era de combinar las bondades de los medios sociales y de los dispositivos móviles para generar tráfico físico a los puntos de venta, de ahí que su mensaje sea relevante (es más, creo que es el más relevante de la mañana): "Total, que todo este esfuerzo no vale par nada si luego llega el de la tienda y lo jode". Literal. Pero no incierto. ¿De qué sirve invertir en que los usuarios lleguen a ti si luego los atendemos fatal y somos incapaces de venderles nuestros productos?

En los minutos distendidos que siempre se dan entre que se acaba un evento y realmente se acaba un evento (esos turnos de ruegos y preguntas con la gente ya recogiendo sus cosas, muertos de hambre) asistí a la revelación de la verdad absoluta, regalo, como no, de Sixto Arias: "Toda la publicidad es intrusiva". Y eso es así. Lo que nos permiten las nuevas estrategias es que logremos ser intrusivos sólo con aquellos usuarios que nos lo solicitan. Eso, de por sí, ya es un avance.

lunes, 28 de octubre de 2013

Cuando el Zenthinela grita: "¡Tierra a la vista!"

Llevaba años deseando vivir un lunes como este lunes. Sí, confieso que tengo querencia por este maltratado día de la semana. Querencia malsana según algunos. Soy un incomprendido.

Sin embargo, son los lunes como hoy los que refuerzan mi fe en la industria publicitaria, en el entorno de la comunicación digital y en la especia humana en general. Porque es recibir un email de Eduardo Madinaveitia como el que adornaba mi buzón de correo esta mañana y esbozar una sonrisa cómplice. Aunque no todo son brotes verdes, ni desde luego lo son para todo el mundo (hay cosas que siguen cayendo, pero creo que más por un cambio de modelo que por la crisis en sí), sí hay una serie de partidas que brillan con luz propia, más para nosotros, los que desempeñamos nuestras humildes labores en campos como el Social Media (y más si enfocamos dichos desempeños en áreas que refuercen las conexiones con el CRM para optimizar las comunicaciones "one to one", o sí somos fervientes creyentes de las bondades de las comunidades verticales online para la gestión de clubes y tarjetas de fidelización, que sí, que se puede, y se debe, digitalizar todo eso de una vez por todas) aunque la sombra de las promociones y las ofertas sigue siendo alargada, lo que no siempre es una buena noticia.

Poco a poco el rojo se va volviendo verde: ¡tierra a la vista!
Mención aparte me merece a mí personalmente el espinoso asunto del vídeo online. Es un mercado en el que se puede ver una tendencia al alza imparable. Y en el que las nuevas tecnologías pueden permitir muchos avances significativos en lo que se refiera a las posibilidades de planificación y análisis de resultados. No negaré que he estado investigando al respecto. De hecho, se me antoja imprescindible seguir haciéndolo. Las posibilidades de compras programáticas, el cada vez más amplio inventario disponible y la realidad innegable que es mucho más sencillo (y medible) distribuir en medios sociales (y no me refiero a los consabidos YouTube, Facebook y demás, que también) las producciones que, cada vez con mayor frecuencia e inversión, se realizan de "branded content" abren una vía segura de trabajo para muchos profesionales, tanto en los desarrollos tecnológicos necesarios, como en los aspectos comerciales (hay cosas que hay que saber vender: porque se trata de hacer comprender como funcionan determinadas plataformas y no siempre es sencillo).

Así de esperanzado afronto la semana. A sabiendas de que el camino se hace al andar. No pienso pararme.

lunes, 21 de octubre de 2013

Lo que tiene que ver la velocidad con el tocino

De esos días en los que te levantas algo asqueado (incomprensible cuando los malos tienen más derecho que los buenos) y empiezas a utilizar un ejemplo vital para tratar de aplicarlo a tu trabajo cotidiano. Porque, de hecho, eso es lo realmente interesante de la vida y del trabajo: ser capaz de extrapolar los aprendizajes de la una al otro, y viceversa.

Hablando de la soga en la casa del ahorcado, me ha dado por pensar en las relación existente en la aplicación de la doctrina Parot con el desarrollo de estrategias en social media. Sé que parece una perogrullada: pero todo está conectado. Y cuando digo todo quiero decir todo. Pongámonos en una posición de partida plausible: imaginemos que soy un reputado estratega en el ponzoñoso campo del marketing digital. Y gestiono una cuenta multimillonaria, de esas que me dan de comer a mí y a todos mis compañeros (pero a mí primero) pero que absorbe, maldita, ya no solo el tiempo de gran parte de los recursos humanos, sino también la energía y los aprendizajes de todos ellos, comenzando por mí (porque, recuerdo: a la velocidad a la que avanza esto, despistarse es morir). Pero es lo que hay. Diseñamos las actividades en medios sociales, detallados planes editoriales y calendarios exhaustivos, los vinculamos a una serie de resultados, tanto en notoriedad como en generación de cierta tipología de registros y medimos, hasta la extenuación, la eficacia de cada una de las pequeñas acciones ejecutadas, con el fin último de satisfacer hasta la más mínima necesidad de nuestro cliente (la competencia es feroz: y nada en esta vida está asegurado; y cuando digo nada quiero decir nada). El reporte global termina siendo la suma de los reportes parciales. Y es en cada reporte parcial, de cada medio social, de cada acción, en los que determinamos el retorno de la inversión, que proyectamos subjetivamente a la totalidad de la cuenta. Prueba superada: somos guays a los ojos del que nos paga, porque justificamos nuestro coste con creces en base a los parámetros que emplean para evaluarnos.

En esas estamos cuando, de repente, un día, sin venir a cuento, se nos exige dejar de medir los resultados acción por acción, medio a medio, para estandarizar una nueva métrica basada en lo global en lugar de en lo particular. Una métrica que perjudica notablemente el resultado de nuestra gestión de la cuenta, dado que todo se ha enfocado en hacer rentables cada una de las acciones de manera independiente y no se han tenido en consideración determinados parámetros que, ahora sí, el cliente ha optado por repercutir de manera alícuota en cada línea de trabajo. Estamos jodidos (vulg.: persona triste, cansada o enferma). Porque, aunque por fortuna todo tiene arreglo, y seríamos capaces de reconducir los cálculos de rentabilidad al nuevo modelo arrancando desde ya, todo lo hecho hasta el momento está perdido (en términos de satisfacer al cliente y, por ende, de luchar por la conservación de la cuenta). Y la única alternativa viable es agachar la cabeza, pedir perdón (no sabes muy bien por qué) y rezar para que se apiaden de ti en ese periodo indeterminado de tiempo en el que sabes a ciencia cierta que la eficacia de tu trabajo quedará en entredicho por un quítame allá esas pajas.

Pues esa es la impresión que a mí me da. Que aunque tengamos la conciencia tranquila porque entendemos que hemos hecho lo correcto, resulta que cuando alguien desde una posición superior cambia las reglas del juego, no te queda otra que aguantarte.

Y es todo lo que tengo que decir al respecto.

martes, 15 de octubre de 2013

Y, ¿entonces era para eso para lo qué servían los Social Media?

Voy a hacer algo que está mal, bueno, tampoco mal, mal: lo único es que no es todo lo académico y serio que debiera: divagar. Aunque, claro, en realidad, tampoco es algo tan infrecuente. Y menos en determinados sectores. En ocasiones es muy necesario esto de divagar. Permite, por un lado, aclarar las ideas; pero, por otro, enfrentarte al hecho de lo poco que sabes sobre lo que sabes. Otras veces, cuando el que divaga te cobra por horas no deja de ser un enorme fastidio.

En lugar de hablar directamente de "medios sociales" (no me gusta el término "redes", porque asumo que un blog, un foro o un agregador de contenidos también son sociales, aunque no tengan estructura de red ni de comunidad, de ahí que siempre me quede con la acepción en inglés, Social Media; además suena mucho más cool y se puede declinar con estilo: Social Media Marketing, Social Media Strategy...) voy a contar una anécdota de ayer mismo (sin ir más lejos), a colación de uno de esos hashtags que hacen temblar a más de uno (#FraudeCM) y a otros nos permiten echar unas risas.

No sé si influido por el aluvión de mensajes cruzados (sobre todo en Twitter, aunque termino afectando a otros entornos), un conocido me llamó ayer noche. Lo cierto es que no sé por qué a mí, porque: ¿y qué sé yo de comunicación o marketing o llámalo X en Social Media?: en lo que a mí concierne bien podría definirse la comunicación en Social Media como misterio misterioso (si hablamos ya de marketing apaga y vámonos) englobado dentro del campo del marketing digital (entendiendo marketing digital como ente difuso) del que todos hablan, que todos venden y que nadie sabe qué es (digna entrada de la "Jordipedia"; cielos: ¿alguna habéis leído la definición de Wikipedia al respecto?: ¡cuánto daño ha hecho internet!). Es como todo en la vida: depende de para quién.

El caso es que este conocido estaba dispuesto a realizar un programa o máster o curso o algo sobre marketing en redes sociales y community management. Pero tenía cierto miedo (y no me extraña): por un lado, porque no hablamos de desembolsos pequeños (bueno, de todo hay); por otro por la mala imagen que en los últimos tiempos se ha generado acerca de la formación en estos campos (y en otros casi igual de peregrinos). Yo le explicaba que un "medio social" no es más que un medio que se alimenta de los contenidos de sus usuarios. Que las posibilidades, las estrategias y los puntos de vista son tantos y tan variados que lo mismo valen todos que ninguno. Que antes de lanzarse por el mero afán de engordar el currículo a cursos sin ton ni son se empapara bien de toda la información que se encuentra de forma gratuita (sí, y en muchos casos gracias a blogueros muy amables que dedican su tiempo y sus ganas a su pasión: compartir sus conocimientos o los conocimientos de terceros adaptados e incluso medio digeridos). Como daba la casualidad de que ambos estábamos conectados en ese instante (aunque gastábamos alegremente nuestro dinero en teléfono, con lo chulos que hubiéramos quedado haciendo un HangOut o un Skype) le mandé el enlace a este vídeo:



Y, como no me quedé contento, le hice llegar el link al resultado que arroja Slideshare a la búsqueda "Estrategia Social Media Marketing" (apenas 180.646 documentos de nada): como notaba al otro lado del aparato que se estaba mareando, decidí contárselo con mis propias palabras: "Esto del Social Media no tiene mayor misterio: en el fondo no es más que terminología, metodología, métricas adecuadas y sentido común. Lo que necesitas son objetivos claros (los marca el cliente), una estrategia adecuada a dichos objetivos (que no es más que una cuestión muchas veces de prueba y error: y si no te sale, basta con que le preguntes a cualquier señor que se haya equivocado más veces que tú) y una correcta planificación, tanto en términos de contenidos (editorial) como de KPIs (reporting), sumado a una dosis relevante de SENSATEZ". "Pero, ¿para qué sirve?", me replicó. Ni lo pensé, me surgió tan natural que hasta me planteé ponerme a dar clases: "Sirve para lo que el cliente quiera que sirva: si el cliente quiere notoriedad, aporta notoriedad; si el cliente quiere vender, le ayuda a vender; si lo que te demanda es generación de leads, los puede generar, y muy buenos; los medios sociales no son más que eso: medios. Los fines los elige quien paga".

Le escuché respirar profundamente. No sé si hará o no el curso de marras. Tampoco si nuestra charla le sirvió finalmente para algo. Si sé que a mí me hizo pensar seriamente hacia dónde vamos.

jueves, 10 de octubre de 2013

¿Los presupuestos de la recuperación?

El lunes me levanté con el estómago revuelto y la cabeza aún más revuelta (de hecho, parece que llevara como una semana de retraso en la vida, y particularmente en mi blog). Pero a media mañana recibí uno de esos emails que te alegran el día. Eran los resultados del Zenith Vigía (mirad en el enlace, porque lo cuenta mucho mejor que yo), que tan de mal humor han puesto a tantos en los últimos tiempos (incluso a quien lo niega con media sonrisa, yo mismo me abría las carnes en 20112012, a mi estilo, eso sí). Aunque como bien dice Eduardo Madinaveitia: "la inversión publicitaria difícilmente crecerá si el consumo sigue retrayéndose", lo cierto es que afrontamos con un optimismo casi olvidado (incluso en la bolsa, con subidas impensables hace bien poco de Atresmedia, Mediaset e incluso, más tímidamente Prisa) la llegada de 2014 (los hay que aventuran repuntes para el último cuarto de este mismo año).

Imagen del Blog de Zenith: http://blogginzenith.zenithmedia.es/
La risa va por barrios. También en cuanto al optimismo. Así, si bien las cifras en medios "tradicionales" no dan para mucho alborozo, hay otras que nos dan pie a pensar seriamente en palabras bonitas, como esperanza. Mercados como el vídeo online (que en esta ola podemos analizar desglosado en in-banner y roll, muy útil, ciertamente) son un buen ejemplo de ello.

Hablando de mi libro: es cierto que no hay en el mercado aún ningún medidor que nos permita ver datos de inversión total en Social Media (por ceñirnos al sector que a mí me gusta, en el que hoy por hoy desempeño mi labor), que incluyeran, ya no sólo inversión publicitaria (que ya sabemos quién se lleva la palma en eso, ¿qué porcentaje de los 34,9 milloncejos que estima el estudio se llevará Facebook?, y al menos de ese parámetro el Vigía de Zenith ya nos permite ir viendo tendencias evolutivas, que es mucho: por ejemplo nos da para golpearnos de bruces con una caída del 3% respecto a las previsiones del periodo hechas el año pasado, y eso que han venido nuevos niños a jugar, niños que han aterrizado con muchos juguetes chulísimos), sino también una estimación de lo que en realidad se está invirtiendo en España en "todo lo relacionado con": hablamos de Community Managers, de estrategia, de consultoría, de investigación, de analítica, de interconexiones (con SEO, con CRM, con...). Creo que nos vendría bien (para empezar como una cura de humildad muy necesaria) conocer la realidad de nuestra insignificancia cotidiana en el mundo de la publicidad. Porque, por más que nos empeñemos en nuestra pequeño multiverso endogámico, apenas somos una minúscula mota de polvo. La humildad, y sobre todo los datos (me da igual a estas alturas que sean "Big" o "small") son los que pueden convertir a nuestro sector en un pequeño pero eficaz motor auxiliar en estos presupuestos de 2014. 

Claro que todo pasa porque dejemos de hablar en chino a veces y de mirarnos en nuestros propios ombligos: para vencer, en esto, el único camino es convencer. Yo estoy convencido.

sábado, 5 de octubre de 2013

Charlas de frikis

Ha sido una semana peculiar. Mucho trabajo. Muchos sinsabores (algunas discusiones, eso que no falte: no se puede contentar a todo el mundo). Tanto por hacer y tan poco tiempo. Pero entre idas y venidas, a ratos muertos, he tenido la ocasión de coincidir, en diversos escenarios, con personas muy interesantes. Lo mejor de las personas interesantes es, sin duda, todo lo que te pueden aportar casi sin darse cuenta: no importa el contexto en el que arranque la conversación: siempre aparece el hueco por el que empiezan a colarse las ideíllas peregrinas que marcan la frontera entre intentar arreglar las cosas y quedarnos como estábamos.




Las charlas para frikis son como los parques multiaventura. Es mejor ir provisto de un casco y bien asegurado con un arnés: no dejas de lanzarte por una tirolina tras otra. Y, a veces, te quedas a medio camino y debes reptar (y es incómodo a más no poder) para llegar al final de una frase. Son tantos los temas, y se suceden tan deprisa. Hay gente en este país, alrededor de cada uno de nosotros, que tiene el potencial para cambiar algo, el conocimiento para hacerlo y hasta las ganas de ponerse a ello. No hablo de emprendedores (esa palabra tan de moda y que están consiguiendo convertir en el símbolo de algo que no existe) sino de pequeños empresarios, gente que da trabajo aún a riesgo de su propio patrimonio (bueno, y en ocasiones a riesgo del patrimonio de sus inversores, pero el caso es que el dinero se mueva), no sólo con ideas, también con hechos. Dentro del mundo de lo digital (otra palabrota, también muy de moda: es ese entorno casi utópico para algunos, denostado para otros y críptico para casi todos) hay un camino. De acuerdo: no es un camino fácil. Para empezar porque la llegada de las nuevas tecnologías lo primero que ha hecho es dejar sin trabajo a un montón de gente (verdad, verdadera: y a muchos esto les pilló con el paso cambiado) en un montón de sectores (hablo con conocimiento de causa: trabajé muchos años en prensa y sé como andan; por no hablar de otros tantos). Para seguir porque, pese a que internet está cambiando a velocidad de vértigo la forma que teníamos de hacer las cosas, no lo está haciendo igual para todo el mundo (y, sí: asumimos que algunos de nosotros a veces vivimos en una burbuja aislada del mundanal ruido). Sin embargo tenemos algo que en otras partes han perdido: esperanza. Quizás porque estamos acostumbrándonos a un mundo en evolución contínua que fuera parece permanecer quieto, quizás porque somos culos inquietos, en búsqueda permanente de nuevos modelos de negocio (llámalo social media, e-commerce, webTV, publicidad online en todas sus vertientes, marketing digital, geolocalización o directamente X si lo prefieres) pero sin perder de vista (bueno, al menos casi todos los frikis con los que yo hablé esta semana), porque no se puede perder de vista, la conexión con el "mundo real", que es donde está la pasta, donde la gente la gasta en comprar cosas y pagar servicios. Porque vivimos en un mundo de "cosas" tangibles y "servicios" tangibles. No comemos unos y ceros (aún).   

Lo más grande de las charlas de frikis es que sales con la sensación de que algo se puede cambiar. Despacio. Vale. Pero se puede.

jueves, 3 de octubre de 2013

Nuevos pobres

Parece que fue ayer cuando tu vecino se acababa de comprar aquel flamante vehículo de lujo alemán y prácticamente todos tus conocidos se cruzaban contigo con una sonrisa, también flamante, presumiendo de opulencia (sin apenas moderación según los casos). Parece que fue ayer cuando un trabajo era para toda la vida (salvo que te ofrecieran algo mejor: caramba, si hasta podías elegir) y cada año, sin falta, los sueldos subían. Parece que fue ayer cuando apareció, espontáneamente, una horda imparable de "nuevos ricos" que campaban, ufanos, a sus anchas por las calles de nuestro país, mudándose de una casa grande a otra aún más grande (y sin tener que preocuparse ni de vender la primera, ni a ellos les importaba, ni al banco tampoco).


Ese pasado es tan reciente que, en ocasiones, da la impresión de que era como un mal sueño o un viaje astral a una realidad paralela. Y es, sin duda, ese pasado el que hace, si cabe, más penosa la realidad en la que amanecemos cada mañana. No es que viviéramos por encima de nuestras posibilidades (yo de las mías nunca): sencillamente no concebíamos que nuestras nóminas se agostaran: que nuestras empresas dejaran de vender, que nuestros empresarios (casi igual de sorprendidos que nosotros) empezaran a ser tratados como leprosos en los bancos, que renegociar las deudas se convirtiera en un deporte de riesgo al alcance de muy, muy pocos, que esas cuotas y esos intereses que apenas suponían un ínfimo porcentaje de los ingresos se convirtieran en un escollo insalvable una mala mañana (anda, como a España); en definitiva: no imaginábamos que llegaría un momento en el que, sencillamente, no tendríamos con qué seguir pagando.

Y es ahora cuando nos vemos convertidos en "nuevos pobres". Quizás no pobres de solemnidad (no todos, por suerte, al menos). Pero pobres, al fin y al cabo. Pobres. Temo el día (porque lo veo posible e incluso cercano) en el que al pararme en un semáforo o al entrar en un vagón del Metro reconozca la cara de una de las muchas persona que, a cada instante, se acercan (avergonzados en algunos casos) rogando por una limosna. Temo el día (porque lo veo posible e incluso cercano) en que me cruce con aquel vecino (que me consta lleva meses sin pagar las cuotas de la comunidad y malvendió su lujoso coche alemán) entrando en Cáritas porque ni le alcanza para comer. Pero, sobre todo, temo el día (porque lo veo posible y cercano) en el que salgamos de este agujero (porque saldremos, poco a poco, a pico y pala, aunque no parezca sencillo) y olvidemos todo lo que este oscuro periodo nos ha enseñado: que no seamos capaces de hacer por nuestros hijos lo que nuestros padres (porque para ellos era lo natural: y cada generación estaba predestinada a vivir, por derecho, mejor que la anterior) no hicieron por nosotros.